El nombre deja bien clara su propensión a dar coba mientras que el apellido recoge su faceta denunciadora. No es un empleado trabajador ni especialmente brillante. El tiempo que los demás pasan eludiéndolas tareas que tienen asignadas él lo dedica a acechar y a tomar nota puntual de los incumplimientos al horario o a las reglas. Ha decidido que, para progresar o, al menos, para justificar su presencia en la oficina solo existen dos vías tan viles como complementarias: adular y delatar. [1]