No se quitaba el bombín y la pajarita ni para meterse en la cama. Cualquier cosa podía suceder en sus historietas, tanto en su casa como en la calle... con una sola salvedad, pasase lo que pasase la acción siempre transcurría en domingo, unos domingos que, por las más variadas circustancias, veían la tranquilidad de Domingón trastocada.